Siempre he dicho que no soy de paisajes o retratar ciudades si no hay personas que formen parte de esa historia. Pero con Roma me pasó algo muy especial.
El viaje fue algo aparatoso, con un retraso de varias horas que nos hizo llegar de madrugada y directos al Hotel sin poder ver absolutamente nada.
El primer día que salimos a la calle y dimos el primer paseo, supe que aquí había un flechazo. Roma es una ciudad que pide recorrerla a pie y buena cuenta de ello dieron los más de 20 kms diarios que realizamos. Pero es que merece la pena cada metro andado.
En cada rincón, en cada calleja, en cada plazoleta, uno no sabe con que maravilla se va a encontrar. Roma es una ciudad llena de tesoros por metro cuadrado y mi cámara no dejó de recoger algo tan fantástico y espectacular.
Por primera vez en muchos años, no paré de buscar ángulos y posiciones para fotografiar todo tipo de detalles sin necesidad de contar la historia amorosa o familiar de las personas. Desde las majestuosas estatuas, sus plazas, hasta los detallados ventanales, pero sobre todo sus impresionantes ruinas.
Roma es una ciudad que te absorbe, que te habla de historia y que te deja fascinado para toda la vida.
Para viajar cómodo de peso y con el equipo necesario, me llevé la Canon RP junto con varios fijos y el zoom 70-200 f4. Todo metido en un bolso especial que llevé conmigo durante todo el viaje.
A continuación os dejo un pequeño resumen de las más de 500 fotos que finalmente se salvaron, de las miles que realicé.























































