¿Qué son las mejores fotos del año?

Una foto sencilla, sin nada especial, pero con un montón de recuerdos.

Por llamarlo de alguna forma, habitualmente en flickr todos los años creo un álbum con algunas de las que me han parecido mis mejores fotos, más que nada, para destacar el trabajo que considero están un punto por encima del resto, ya sea técnicamente hablando o por su significado.

A veces el significado que tiene una foto para uno mismo vale más que cualquier técnica e iluminación de gran nivel. Cuando hablo de significado no sólo me refiero a que la foto cuente algo al espectador, pues no tiene porqué, sino que haya sido especial para nosotros y que al mirarla por décima vez te siga manteniendo ese viejo recuerdo que hace que te salga una sonrisa o una lágrima.

Cuando trabajamos para un medio o un cliente debe haber una parte de todo, la foto debe significar algo para ellos, pero cuando la elección de nuestras fotos es para nosotros mismos, los criterios son diferentes.

Es más, me atrevería a decir que muchos de vosotros tenéis una de vuestas mejores fotos del año hecha con el móvil. Aunque parezca mentira, el móvil nos acompaña a todos lados, por lo que está siempre ahí, en los momentos especiales, en los momentos duros.

Después de escribir ese último párrafo, me ha hecho pensar. Que maravilloso invento la cámara en el móvil, para lo bueno y para lo malo. Ya uno no está a salvo por la calle, en cualquier momento puede haber alguien con un móvil que te grabe o te retrate cuando menos te lo esperas. Siempre dentro de algo mágico, su parte negativa reluce con más fuerza.

Sin desviarme del tema de esta entrada, mis mejores fotos no están realizadas con el móvil, pues en un principio también me mueve una parte técnica con la que me gusta expresar mi visión fotográfica y que por muy emotivos que sea mis recuerdos con el móvil, no pueden suplir ahora mismo mi trabajo principal.

Quizás mi selección (que aún está en proceso) fotográfica tenga una parte de todo, el momento especial en el que sucedió, su composición, la complejidad (en toda foto siempre pasa desapercibida) y quizás otros aspectos más profundos que no se pueden explicar. Recuerdo aquella frase de Annie Leibovitz en la que decía que ella hacía como mucho 1 ó 2 fotos buenas al año. Cada año que pasa me voy dando cuenta de toda la razón que tiene. Cuantas más fotos hago, más veces las miro, más me cuesta realizarme visualmente con ellas.

Cuando realizas un trabajo fotográfico, dentro del proceso de selección, reselección, edición, revisión, puedes llegar a ver la misma foto 50 veces y en muchos casos bastantes minutos por vez. Eso fatiga y a veces le quita ese primer momento mágico que hay dentro de toda primera vez. Mi selección de las mejores debe mantener en parte esa primera vez y hacer que me siga sintiendo orgulloso del trabajo realizado. Esto no quiere decir que no me sienta orgulloso del resto, pero como todo en esta vida, siempre hay algo que está un poco por encima.

Para terminar, un punto importantísimo en la selección de vuestras mejores fotos es que sea realice bajo vuestro único y estricto criterio, no os dejéis influir por lo que piensen los demás, son vuestras fotos y el significado segúramente difere mucho en el resto de personas.

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A veces siempre es lo mismo

Estamos a domingo, cuando salga esto publicado será lunes y mientras, le doy vueltas a lo que quiero escribir en el blog y a saber en que va a derivar todo esto.

A veces no es nada fácil hablar sobre fotografía, todo está requetescrito y cuando se intenta que sea algo personal, la fotografía desde mi punto de vista y desde mi experiencia, la cosa se complica.

Fotoaprendiz lo baso en mis aprendizajes, cada vez que aprendo algo lo publico aquí, sea más o menos transcendental, pero de eso se trata este blog, de mis propias vivencias fotográficas. También de videos o cualquier otra cosa que me haya parecido interesante y no sea repetitivo (al menos, eso intento).

Hay semanas o meses que pasan sin que tenga esa sensación de haber aprendido algo interesante que dar a conocer. Quizás como a todos nos pasa alguna vez, la monotonía nos bloquea y no nos deja avanzar, ya sea fotográficamente hablando, escribiendo o pensando.

Ahora mismo le sigo dando vueltas sobre escribir un artículo interesante, pero mi mente no da más de si, no pienso más que en makings of, configuración de flashes y el montón de fotos que me quedan por realizar estas semanas, así como álbumes, la eterna lucha con los laboratorios para sacar un color lo más parecido a lo que busco y no salgo de ahí.

Al menos durante este mes bastante monótono aunque con algún que otro trabajo interesante, uno se siente más creativo, no hay nada mejor que realizar unas 2000 fotos por semana de diversas temáticas para activar esa parte fotográfica que todos llevamos escondida en el cerebro. Quizás creativo no sea la palabra, pero si se tiene esa sensación de que resuelves las fotografías y ves los posibles escenarios de manera más rápida. Es algo así como cuando estábamos en la fase de estudio para exámenes, que notábamos una agilidad mental mayor que cando veníamos de pasar las vacaciones de verano (al menos a mi, me pasaba).

En la fotografía por tanto es muy importante estar activo. Recuerdo esas fases de meses bloqueado, sin que me apeteciera coger la cámara. Después empezaba con algún trabajo y me costaba mucho más concentrarme, no salían ideas tan interesantes como en meses anteriores, que me pasaba cámara en mano todos los días.

De aquí se puede sacar un consejo que es fácil de escribir pero a veces difícil de aplicar, y es no soltar la cámara por largos periodos. Cuando hablo de largos periodos me refiero a 2 semanas. Se debe estar activo, sacar de paseo la cámara y disparar en cualquier momento que nuestro dedo nos lo pida. Eso no quita que nos tomemos algún que otro parón fotográfico para recapacitar, sacar nuevas ideas y quizás, desbloquear nuestra mente.

Y por supuesto, revista tus fotografías, mira unos años atrás y mejora, no te adaptes a las modas, sé tú mismo.

 

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Los nervios

Los nervios son esa sensación tan característica que suele aparecer en forma de mariposas en el estómago. Esa sensación que te predispone a reaccionar sin pensar y que por tanto te obliga a reflexionar cada palabra que dices.

Quizás no lleve el suficiente tiempo metido en la fotografía como para olvidar esas sensaciones, pero lo que está claro es que siguen ahí.

Cuando me dispongo a realizar un trabajo fotográfico, siempre pienso en miles de cosas, me intento concentrar y evadir de todo mi alrededor. Esto lo consigo de una manera muy simple, cojo la cámara lo antes posible y comienzo a realizar fotos. En ese momento me empiezo a sentir a gusto y todos los pequeños miedos que pudiera tener en un principio, desaparecen. Empiezo a dirigir, empiezo a visualizar lo que busco y me convierto en otra persona, una persona segura de si misma con los objetivos muy claros.

Esto ha sido siempre así, desde la primera vez que tuve una cámara entre mis manos hasta ahora. No ha cambiado nada. Los mismos nervios, las mismas sensaciones, esas pequeñas mariposas revoloteando por el estómago, como cuando conocía a una chica y quedaba con ella por primera vez. Todo sigue igual.

Pienso que mantener las mismas sensaciones durante toda la vida debe ser bueno, aprendes a convivir con ellas, aprendes a relajarte y a saber reaccionar perfectamente en cada situación.

Al final la fotografía forma parte de nosotros, transmitiendo esas pequeñas sensaciones que van formando parte de nuestro día a día.

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