Considero que trabajar al aire libre da una mayor libertad, evidentemente tenemos un mayor número de objetos con los que jugar, diferentes fondos… etc, pero también da una mayor libertad para dirigir y posicionar a la persona que tenemos que fotografiar.

Pero en estudio estamos limitados, generalmente no tenemos más que un fondo de unos 2,5 metros de ancho y la altura máxima que nos proporcione el techo, que no suele ser mayor a 3 metros. El color suele ser homogéneo, blanco en la mayoría de los casos y justo ahí, entre esos pocos metros cuadrados, tenemos que fotografiar a cualquier tipo de persona.

Lo principal es no aterrorizarse cuando nos encontramos por primera vez en esa situación, una buena manera para ello es haber realizado esquemas mentales de lo que vamos a hacer. También viene muy bien coger un folio en blanco y realizar esquemas de luces y poses que consideremos adecuados. Quizás cuando llegue la sesión no necesitemos revisar esa hoja, pues nos salgan las ideas inmediatamente casi sin pensar, pero para esos momentos que nos podemos quedar en blanco, un vistazo rápido a ese folio nos podrá ser de gran ayuda.

Es importante no dejar de hablar y dar instrucciones, más de 1 minuto en blanco, sin hablar puede producir una situación incómoda, no sólo para nosotros sino para la personas que retratamos, pues en la mayoría de las ocasiones, necesitará estar recibiendo direcciones constantemente.

Ya sé que esto último es muy complicado, estar durante 1 hora entera hablando y dando instrucciones puede hacernos sudar más que una carrera, pero no siempre hay que estar dando instrucciones. Con esto me refiero, a que es muy importante, quizás incluso más que dar las indicaciones adecuadas, el estar animando y dando el visto bueno a cada acción que hace nuestro modelo. Es importante utilizar expresiones como “perfecto”, “muy bien”, “eso es”, “genial”… son expresiones cortas, que podemos estar usando continuamente y realmente aumentan el dinamismo y flujo de la sesión, dando además una mayor confianza a todos los que están trabajando.

Si sientes que te has quedado sin ideas, si hay un momento de bloqueo, para la sesión, pide un tiempo muerto, viene bien para descansar, asentar ideas y volver a empezar con más ganas y la misma energía que al principio. Aunque pueda parecer una tontería, estar realizando fotos constantemente y dirigiendo la sesión durante mucho tiempo seguido, puede ser agotador, y no sólo para el fotógrafo. Por lo tanto, es importante hacer pausas cada poco tiempo, para que todos se puedan refrescar, tanto mentalmente como físicamente.

Ten preparado algún objeto para el estudio, un taburete o algún tipo de accesorio de apoyo, esto nos proporcionará una gran cantidad de poses diferentes y algo con lo que la persona a retratar pueda sentirse más relajado, pues ya sabrá que hacer con su cuerpo. Una persona que nunca ha posado para una cámara, sin ningún objeto con el que acomodarse, puede producir un estado de inseguridad, pues no sabrá que hacer con su cuerpo, estará en todo momento esperando nuestras instrucciones. Sin embargo, con un taburete o un objeto conocido, tendremos el perfecto punto de apoyo para empezar.

Por lo tanto, recuerda los tres puntos fundamentales para no atragantarte en tu primera sesión de estudio:

1. Tener las ideas claras y saber lo que vamos a hacer. Llevar un esquema sobre la colocación de las luces y las poses que vamos a querer.

2. Dar instrucciones, animar, y parar cada poco tiempo para refrescar la mente.

3. Usar un objeto cotidiano para que nuestro modelo se encuentre más a gusto al principio.

¡Mucha suerte!

Escrito por Vicente Alfonso