Negros empastados, blancos quemados

La obsesión por lo “técnicamente correcto” a veces llega a extremos que no dejan ver un trabajo en su plenitud. Ya no hablamos de otros aspectos técnicos relacionados con la foto en si, sino de algo tan simple como la “correcta” exposición.

Creo que llega un punto en todo fotógrafo, en que la correcta exposición es representada por lo que uno quiere mostrar y no por lo que el histograma representa. A estas alturas todos sabemos exponer correctamente una foto y si no ha quedado del todo bien, también sabemos corregir algunos mínimos problemas con cualquier programa de revelado del RAW, y si aún así el trabajo no ha quedado a nuestro gusto, optamos simplemente por borrar la foto o no mostrarla a nadie. Por lo que entiendo, que si alguien sube una foto a internet o se la muestra a alguien, sabe mejor que cualquiera, lo que ha querido hacer y porqué lo ha hecho.

Nadie critica los negros empastadísimos de muchos clásicos de hace años e incluso de nuestra época, ni los blancos quemados, porque entendemos que la obra refleja lo que el autor realmente ha querido, pero somos incapaces de entender que alguien que no tiene un nombre popular pueda usarlo de una forma similar.

Aparte de que también, según donde haya sido realizada la captura, no ha quedado otra que empastar o quemar ciertas zonas para preservar el detalle en el punto de interés de la foto. No todo necesita detalle, no todo necesita de nuestra atención, hay que centrarse en lo que queremos mostrar.

Los extremos también están para usarlos, no todo son texturas y detalle, la fotografía es arte y como tal no se puede encasillar.

Pero aún así, seguimos empeñados en corregir a los demás, decirles como deben hacer las fotos, lo que han hecho “mal” y lo que deben mejorar. Creo que hay un punto en el que las correcciones pasan a ser simplemente gustos personales, que por desgracia a veces es complicado de diferenciar. Hay que abrir la mente, ser más comprensivos, intentar dar una nueva lectura a la foto, hacer un pequeño esfuerzo. Y si aún así, somos incapaces de interpretarla quizás sea simplemente que no nos gusta, pero no que esté mal hecha o que su autor no la haya hecho como le hubiera gustado (aunque a veces no se haya conseguido el resultado óptimo deseado).

Personalmente un blanco quemado en una foto que le favorezca o no sea su centro de atención, me transmite fuerza y energía. Mientras que un negro empastado me transmite tristeza, agobio, desolación, soledad.

Las sensaciones que a veces tenemos de las fotos, me recuerda a lo estados anímicos de cada uno de nosotros, según tengamos el día, si esa persona nos cae bien o mal, si nos ha salido todo bien en el trabajo, cambiará nuestra percepción de las cosas. Por lo que siempre que vemos un trabajo, sea de quién sea, deberíamos intentar abrir todos nuestros sentidos y no cerrarnos en nuestros sentimientos. Creo que así disfrutaremos mucho más de todas las fotografías que llenan este mundo.

Los sentimientos nos los deben transmitir las fotos y no al revés.

Written by Vicente Alfonso