Sesión fotográfica de boda

La semana pasada, después de pasar mis amigos una fantástica luna de miel, quedaron con el fotógrafo encargado de realizarles las fotos de boda para terminar con el trabajo. De paso nos invitaron a todos los amigos a la sesión fotográfica y yo por supuesto no me la iba a perder.

Se realizó en Candeleda, un pueblo de la provincia de Ávila en una zona justo por encima del pueblo, la cual es un paraje precioso.

Por otra parte lo tengo claro, aún la verguenza me puede (soy algo tímido “a veces”) y no pregunté absolutamente nada a los fotógrafos profesionales que se dedicaron a hacer el reportaje (me daba apuro por si iban con muchas prisas, no desconcetrarlos y demás). Aunque no sólo se aprende preguntando, sino también mirando y eso, eso si se me dió bien.

Lo primero que te llama la atención en estas sesiones son los tremendos objetivos y cámaras que llevan. Eran dos fotógrafos, cada uno con una cámara y objetivos distinto, ambos con lentes enormes (tendrían una fantástica luminosidad) y de aspecto similar a los teleobjetivos (aunque trabajaban a veces a distancias muy cortas). Las cámaras eran de la marca canon y con empuñadura, lo que no me fijé fue en el modelo exacto.

A parte del detalle principal de las cámaras (algo que llama mucho la atención a un novato como yo, que no se ha gastado más de 1.000 euros en su pequeño “equipo”), lo siguiente en lo que te fijas es en la rapidez de trabajo. Están constántemente pidiendo ligeros movimientos del cuerpo, de la cara, y de cualquier mínimo detalle de los modelos, juegan con la distracción y otros muchos aspectos más puntuales.

Se basaban en conseguir una iluminación justa, más bien corta que en exceso, pues preferían un cielo encapotado a un cielo despejado (creo que por el tema de las sombras y conseguir así unos mejores relieves en las formas), por suerte el cielo estaba perfecto para las tomas. El uso de “parasoles” o similares, para jugar con la luz y el efecto que este iba a producir en los novios. También después de haber hecho muchos trabajos de este tipo, se notaba la facilidad y el olfato que tenían para encontrar las mejores zonas para resaltar a los novios y el entorno. Y esta foto es una de ellas:

Me di cuenta de que el fotógrafo divisó una bonita zona en medio de la arboleda en la que los rayos de luz atravesaban parte de la copa de los árboles y creaban una especie de foco en mitad de la zona elegida. Allí se colocaron los novios y yo por detrás observaba la forma de trabajar.

Las fotos se realizaban a todo tipo de distancias, lejanas, cercanas, picados, contrapicados… etc etc. En pareja, por separado, creando distintos tipos de escenas, en grupo (no faltó la foto con los amigos)… etc etc.

Pero sobretodo te lo pasas bien, era complicado aguantarse alguna que otra carcajada después de escuchar como el fotógrafo rápidamente iba pidiendo distintos tipos de movimientos, y como nos mirábamos los unos a los otros con una sonrisa de oreja a oreja. Esas sonrisas también eran necesarias para las fotos, sonrisas de verdad, al igual que también fue necesario aguantar unos segundos para realizar escenas con un aspecto algo más “serio”.

La sesión no duró más de dos horas, todo fue muy rápido y medido. Aún sin haber estado antes en ese lugar, parecía que ya estaba todo calculado. Me imagino que cuando has trabajado tanto en esto y has hecho cientos o miles de sesiones fotográficas, todo es un poco más “automático”.

Al terminar la sesión yo también pude realizar mi pequeña sesión de amigos (ya os la enseñaré), y tomé algunas fotos de la pareja, juntos y separados. Lo más extraño de todo esto, fue una ligera sensación de verguenza al empezar a fotografiarlos (no es broma), quizás el estar ahí, con tu pequeño equipo, sin intentar parecer algo que no eres, e intentar conseguir buenas fotos pero sin hablar, hace un poco más complicada la tarea. Pero bueno… esto se arreglará con los años y la experiencia.

Un abrazo y muchos besos para mis dos amigos enamorados y ya casados, Santi y Cristina.

Written by Vicente Alfonso